Bueno... un poco de mi personaje del Fate/RPG, CLavis Cucero.
Otros personajes:
Fukuyama Setsuna
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Otros personajes:
Fukuyama Setsuna
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"-Titulo…Artes de la magia
oscura medieval…-decía Clavis mientras llenaba la grilla de informes de la
biblioteca- …a conservación…Bien, ¡siguiente!
Clavis volvió a colocar el
libro de la estantería designada y tomo el libro de al lado con sumo cuidado.
-No hay dudas, a
restauración. –Clavis tomo una hoja de color amarillenta y escribió el título
del libro enfermo en ella.
-Te vas al hospital, pequeño.
–Dijo con cariño mientras dejaba el pesado libro sobre la mesa junto con otros
ejemplares que evidentemente habían vivido tiempos mejores.
Clavis Cucero se encargaba de
los trabajos que nadie quería hacer en la biblioteca. Se suponía que había
tomado el trabajo originalmente solo para ordenar los ejemplares que los
visitantes dejaban abandonados en las mesas. Pero a medida que paso el tiempo,
acepto a ayudar a sus compañeros en otras tareas. No porque les tuviera aprecio
o algo similar, solamente disfrutaba del tiempo con los libros. Y gracias a
esto, ella recibía el favor de no tener que encargarse de las tareas sociales
que conllevaba ser secretario de una biblioteca.
No era que odiara a las
personas, solamente se sentía vacía al hablar con los demás. Muy pocas personas
habían logrado hacerle sentir con tanta intensidad como lo hacían sus amados
libros.
Así era su vida en el mundo
real, una vida normal, y rutinaria, aunque ella disfrutaba de esos perfectos
momentos en los que podía ser ella misma entre la tinta.
-Bueno, listo. Creo que esto
es todo en esta sección –dijo Clavis mientras pasaba la mano suavemente sobre
los lomos de los libros como una caricia, pero su mano se detuvo en seco al
notar algo extraño.
Uno de los lomos de los
libros no portaba titulo alguno, no es como si esto fuera totalmente extraño,
de hecho hace algunos años atrás esta era una costumbre muy común. Pero al
mismo tiempo, aquel ejemplar desprendía un aura extraña, incluso para Clavis
que no solía sorprenderse de cosas extravagantes.
Clavis se decidió, y tomo el
libro convencida y se quedo observándolo y descubriéndolo con la mirada.
Era antiguo, sin lugar a
dudas, pero se encontraba en perfecto estado, como si nadie lo hubiese leído
nunca, daba la impresión de que habría sido impreso el día anterior. El
exterior era de un rojo oscuro, casi igual a la sangre. No llevaba ninguna
escritura ni en el lomo ni en la contratapa. Pero se podía notar un pequeño
sello en bajorrelieve en la esquina inferior derecha de la tapa.
Era un sello tan pequeño que
Clavis debió forzar un poco la vista para lograr descifrar lo que decía. Aunque
solo pudo distinguir unos ideogramas similares a runas antiguas de las cuales
no tenía ni idea de como leer. Pero aparte de esto, también se podía distinguir
el dibujo de un pergamino a medio desenrollar con una pluma y una copa
derramada encima.
Clavis actuó rápidamente y
guardo el libro bajo su capa, tomo los libros que iban a restauración los puso
en el carrito y los llevo hasta el ascensor. Su índice rozo los botones que
indicaban los pisos del inmenso edificio.
-Subsuelo, restauración- Dijo
Clavis un poco feliz por el hallazgo que había acabado de hacer mientras oprimía
el botón correspondiente. Dejo el carrito adentro, cerro las puertas y ella
bajo por las escaleras llevando su libro especial entre brazos.
Como siempre, ella había
llegado al piso de destino antes que el carrito. Era consciente de que era una
acción bastante infantil, pero para ella, la biblioteca era su sala de juegos
personal. Y no le importaba lo que sus compañeros pensaban de ella. No tenía ningún
cariño especial por ellos ni nadie que la quisiera a ella. Pero a pesar de
esto, sabía lo que era el amor humano ya que en su vida si hubo una persona que
se lo enseño, aunque él ya estuviera muy lejos de ella, Y actualmente, ella
disfrutaba de su amor de tinta que transmitían los libros. Ese era su mundo: Los
libros y ella, solo ella y sus libros.
Clavis desempaco todos los
libros sobre el escritorio del jefe del departamento de restauración, tomo una
plantilla de entrega y la rellenó dejando a los libros enfermos en manos de los
expertos en cuidados intensivos.
-Adiós, pequeños, en una
semana volveré por ustedes –Clavis se despidió con la mano y subió las
escaleras en espiral hasta la planta baja. Llego al lugar de reunión para
secretarios y lleno la ficha del día de hoy para poder retirarse, aclarando que
se llevaba un libro para investigación personal.
Esa era otra de las razones
por la cual Clavis había tomado el trabajo. El beneficio de tomar prestado un
libro a elección para poder llevarse cada día. Solo debía aclarar que libro se
llevaba y el día de retiro.
-Que raro…-dijo Clavis
mientras buscaba alguna pista del libro en la base de datos- No figura ni por
clasificación de edición… Bueno, no importa, lo ingresaré mañana.
Ella tomo su morral, se puso
la capucha de su capa y salió afuera.
Toda esa semana había sido de
lluvias sin descanso y la calle estaba tan oscura como si hubiese caído la
noche.
Clavis llego a su casa
empapada a costa de haber protegido el libro con su capa. Desenvolvió el libro
para comprobar que estuviera seco y para su alivio lo descubrió en buenas
condiciones.
Colgó la capa en el perchero,
ato su largo cabella en una cola de caballo para evitar mojar las páginas y se recostó
en su cama para investigar el libro.
En primer lugar tomó una lupa
para apreciar mejor el sello de la portada, pero no pudo encontrar ningún nuevo
detalle en él. Decidió ver entre sus páginas pero apenas lo abrió notó que solo
la mitad del libro eran páginas de verdad. El resto, era tan sollo un libro
falso que escondía una caja de madera, evidentemente añejada, con el mismo
sello de la portada labrado sobre ella.
Clavis, muy sorprendida, con
un poco de esfuerzo saco la caja de entre las falsas páginas. Y vio que tenía
una cerradura, pero a pesar de esto, intentó abrirla sin mucho éxito. Desistió
y prefirió buscar en el libro pensando que tal vez allí encontraría la
respuesta.
Nada, absolutamente nada. La
casi todo el libro estaba escrito en esas runas extrañas que llevaba el sello.
-¡Ah, no es justo! ¿Cómo se
supone que voy a leer algo que no sé como descifrar? –Dijo Clavis irritada,
luego de haberse recostado mirando hacia el cielo raso.
Ni siquiera sabía de a que
cultura del infinito universo pertenecía esa escritura, y como iba a conseguir
la llave para abrir la caja. Parecía que el destino no quería que leyera ese
libro a pesar de habérselo puesto en su camino. Clavis, un poco irritada y desilusionada
al mismo tiempo, decidió irse a dormir.
A la mañana siguiente, Clavis
despertó con ánimos renovados. Tomo sus cosas, el libro y fue a la biblioteca
como todos los días.
Al llegar comprobó que hoy le
tocaba buscar libros para restauración en el último piso.
Era el sector más raro de la
biblioteca, parecía más bien una combinación extraña entre selva y biblioteca.
Al ser el último piso, tenía un techo vidriado y un vitrux de colores con un
diseño muy bonito en el techo. Por esta razón, los libros que vivían allí, se
veían obligados a convivir con una gran variedad de plantas. A Clavis le
gustaba ese lugar, a pesar de que la mayoría de las personas lo encontraba un
tanto incomodo.
Clavis se sentó en un rincón
con la espalda apoyada en las estanterías y organizó las formas que debía
completar mientras su mente seguía pensando en como abrir la caja del libro del
sello.
De pronto, ante sus ojos
apareció una llave. Se quedo mirándola por un momento hasta reconocerla como
parte de su propio collar.
Esa llave la tenía desde muy
pequeña, cuando su abuelo se la dio en el funeral de sus padres.
Clavis se sacó el collar y se
quedo observándolo. Era una llave de un plateado oscuro, bastante simple pero
se percibía su antigüedad. Y ella que justamente estaba buscando una manera de
abrir la caja. Sus pensamientos, la apuntaron automáticamente a buscar el
libro.
-Probablemente no funcione,
pero… ¿Qué pierdo en intentarlo? –Pensaba Clavis intentando contener su
optimismo.
Sacó el libro de su capa, lo
abrió… y lo encontró vacío. No había rastros de la caja. Clavis quedó blanca
del susto que se llevo.
-No, no, no… Definitivamente
debo habérmelo olvidado en casa. Clavis, preocupada, ordeno todas las formas de
restauración y bajo apresuradamente las escaleras hasta llegar a la planta
baja. Se metió apresuradamente en la secretaría y dijo a quien sea de sus
compañeros que estuviera allí, que debía irse muy rápido y que pronto
regresaría.
Clavis corría bajo la lluvia
lo más rápido que podía sin evitar pensar con una extraña alegría que el clima
seguía sin cambiar. Más rápido corría y esquivaba a los pocos caminantes, menos
aliento le quedaba, pero su mente no se apartaba ni un segundo de la caja, olvidándose
de su cuerpo.
Pero cuando llegó a avistar
la puerta de su casa tuvo un mal presentimiento. Llego a distinguir que las luces estaban encendidas y cuando llego a
la entrada lo único que se oía aparte del repiquetear de la lluvia eran los
golpes de la puerta contra el umbral por haber quedado mal cerrada.
Clavis quedo blanca del
susto. Despacio, a pesar de ya prevenir en su interior lo que encontraría, abrió
la puerta lentamente.
Todo en la habitación estaba
revuelto, absolutamente todo. Cajones dados vuelta, libros abiertos por todo el
suelo, la cama desecha, no habían dejado nada sin revisar.
Clavis, intentando permanecer
calmada, ordeno cada cosa con paciencia y noto que lo único que se habían
llevado era el libro de la caja.
Y ya más calmada dedujo que
lo otro que buscaban y no pudieron encontrar, era la llave que ella llevaba
colgando del cuello. Evidentemente, esto confirmo, que sus sospechas respecto a
la llave para abrir la caja se veían confirmadas. Pero ahora, le faltaba la
otra pieza del rompecabezas. La pieza con la que había comenzado su partida en
este juego. Y ahora ni siquiera sabía a donde había ido a parar o quien se la
había llevado. -Titulo…Artes de la magia
oscura medieval…-decía Clavis mientras llenaba la grilla de informes de la
biblioteca- …a conservación…Bien, ¡siguiente!
Clavis volvió a colocar el
libro de la estantería designada y tomo el libro de al lado con sumo cuidado.
-No hay dudas, a
restauración. –Clavis tomo una hoja de color amarillenta y escribió el título
del libro enfermo en ella.
-Te vas al hospital, pequeño.
–Dijo con cariño mientras dejaba el pesado libro sobre la mesa junto con otros
ejemplares que evidentemente habían vivido tiempos mejores.
Clavis Cucero se encargaba de
los trabajos que nadie quería hacer en la biblioteca. Se suponía que había
tomado el trabajo originalmente solo para ordenar los ejemplares que los
visitantes dejaban abandonados en las mesas. Pero a medida que paso el tiempo,
acepto a ayudar a sus compañeros en otras tareas. No porque les tuviera aprecio
o algo similar, solamente disfrutaba del tiempo con los libros. Y gracias a
esto, ella recibía el favor de no tener que encargarse de las tareas sociales
que conllevaba ser secretario de una biblioteca.
No era que odiara a las
personas, solamente se sentía vacía al hablar con los demás. Muy pocas personas
habían logrado hacerle sentir con tanta intensidad como lo hacían sus amados
libros.
Así era su vida en el mundo
real, una vida normal, y rutinaria, aunque ella disfrutaba de esos perfectos
momentos en los que podía ser ella misma entre la tinta.
-Bueno, listo. Creo que esto
es todo en esta sección –dijo Clavis mientras pasaba la mano suavemente sobre
los lomos de los libros como una caricia, pero su mano se detuvo en seco al
notar algo extraño.
Uno de los lomos de los
libros no portaba titulo alguno, no es como si esto fuera totalmente extraño,
de hecho hace algunos años atrás esta era una costumbre muy común. Pero al
mismo tiempo, aquel ejemplar desprendía un aura extraña, incluso para Clavis
que no solía sorprenderse de cosas extravagantes.
Clavis se decidió, y tomo el
libro convencida y se quedo observándolo y descubriéndolo con la mirada.
Era antiguo, sin lugar a
dudas, pero se encontraba en perfecto estado, como si nadie lo hubiese leído
nunca, daba la impresión de que habría sido impreso el día anterior. El
exterior era de un rojo oscuro, casi igual a la sangre. No llevaba ninguna
escritura ni en el lomo ni en la contratapa. Pero se podía notar un pequeño
sello en bajorrelieve en la esquina inferior derecha de la tapa.
Era un sello tan pequeño que
Clavis debió forzar un poco la vista para lograr descifrar lo que decía. Aunque
solo pudo distinguir unos ideogramas similares a runas antiguas de las cuales
no tenía ni idea de como leer. Pero aparte de esto, también se podía distinguir
el dibujo de un pergamino a medio desenrollar con una pluma y una copa
derramada encima.
Clavis actuó rápidamente y
guardo el libro bajo su capa, tomo los libros que iban a restauración los puso
en el carrito y los llevo hasta el ascensor. Su índice rozo los botones que
indicaban los pisos del inmenso edificio.
-Subsuelo, restauración- Dijo
Clavis un poco feliz por el hallazgo que había acabado de hacer mientras oprimía
el botón correspondiente. Dejo el carrito adentro, cerro las puertas y ella
bajo por las escaleras llevando su libro especial entre brazos.
Como siempre, ella había
llegado al piso de destino antes que el carrito. Era consciente de que era una
acción bastante infantil, pero para ella, la biblioteca era su sala de juegos
personal. Y no le importaba lo que sus compañeros pensaban de ella. No tenía ningún
cariño especial por ellos ni nadie que la quisiera a ella. Pero a pesar de
esto, sabía lo que era el amor humano ya que en su vida si hubo una persona que
se lo enseño, aunque él ya estuviera muy lejos de ella, Y actualmente, ella
disfrutaba de su amor de tinta que transmitían los libros. Ese era su mundo: Los
libros y ella, solo ella y sus libros.
Clavis desempaco todos los
libros sobre el escritorio del jefe del departamento de restauración, tomo una
plantilla de entrega y la rellenó dejando a los libros enfermos en manos de los
expertos en cuidados intensivos.
-Adiós, pequeños, en una
semana volveré por ustedes –Clavis se despidió con la mano y subió las
escaleras en espiral hasta la planta baja. Llego al lugar de reunión para
secretarios y lleno la ficha del día de hoy para poder retirarse, aclarando que
se llevaba un libro para investigación personal.
Esa era otra de las razones
por la cual Clavis había tomado el trabajo. El beneficio de tomar prestado un
libro a elección para poder llevarse cada día. Solo debía aclarar que libro se
llevaba y el día de retiro.
-Que raro…-dijo Clavis
mientras buscaba alguna pista del libro en la base de datos- No figura ni por
clasificación de edición… Bueno, no importa, lo ingresaré mañana.
Ella tomo su morral, se puso
la capucha de su capa y salió afuera.
Toda esa semana había sido de
lluvias sin descanso y la calle estaba tan oscura como si hubiese caído la
noche.
Clavis llego a su casa
empapada a costa de haber protegido el libro con su capa. Desenvolvió el libro
para comprobar que estuviera seco y para su alivio lo descubrió en buenas
condiciones.
Colgó la capa en el perchero,
ato su largo cabella en una cola de caballo para evitar mojar las páginas y se recostó
en su cama para investigar el libro.
En primer lugar tomó una lupa
para apreciar mejor el sello de la portada, pero no pudo encontrar ningún nuevo
detalle en él. Decidió ver entre sus páginas pero apenas lo abrió notó que solo
la mitad del libro eran páginas de verdad. El resto, era tan sollo un libro
falso que escondía una caja de madera, evidentemente añejada, con el mismo
sello de la portada labrado sobre ella.
Clavis, muy sorprendida, con
un poco de esfuerzo saco la caja de entre las falsas páginas. Y vio que tenía
una cerradura, pero a pesar de esto, intentó abrirla sin mucho éxito. Desistió
y prefirió buscar en el libro pensando que tal vez allí encontraría la
respuesta.
Nada, absolutamente nada. La
casi todo el libro estaba escrito en esas runas extrañas que llevaba el sello.
-¡Ah, no es justo! ¿Cómo se
supone que voy a leer algo que no sé como descifrar? –Dijo Clavis irritada,
luego de haberse recostado mirando hacia el cielo raso.
Ni siquiera sabía de a que
cultura del infinito universo pertenecía esa escritura, y como iba a conseguir
la llave para abrir la caja. Parecía que el destino no quería que leyera ese
libro a pesar de habérselo puesto en su camino. Clavis, un poco irritada y desilusionada
al mismo tiempo, decidió irse a dormir.
A la mañana siguiente, Clavis
despertó con ánimos renovados. Tomo sus cosas, el libro y fue a la biblioteca
como todos los días.
Al llegar comprobó que hoy le
tocaba buscar libros para restauración en el último piso.
Era el sector más raro de la
biblioteca, parecía más bien una combinación extraña entre selva y biblioteca.
Al ser el último piso, tenía un techo vidriado y un vitrux de colores con un
diseño muy bonito en el techo. Por esta razón, los libros que vivían allí, se
veían obligados a convivir con una gran variedad de plantas. A Clavis le
gustaba ese lugar, a pesar de que la mayoría de las personas lo encontraba un
tanto incomodo.
Clavis se sentó en un rincón
con la espalda apoyada en las estanterías y organizó las formas que debía
completar mientras su mente seguía pensando en como abrir la caja del libro del
sello.
De pronto, ante sus ojos
apareció una llave. Se quedo mirándola por un momento hasta reconocerla como
parte de su propio collar.
Esa llave la tenía desde muy
pequeña, cuando su abuelo se la dio en el funeral de sus padres.
Clavis se sacó el collar y se
quedo observándolo. Era una llave de un plateado oscuro, bastante simple pero
se percibía su antigüedad. Y ella que justamente estaba buscando una manera de
abrir la caja. Sus pensamientos, la apuntaron automáticamente a buscar el
libro.
-Probablemente no funcione,
pero… ¿Qué pierdo en intentarlo? –Pensaba Clavis intentando contener su
optimismo.
Sacó el libro de su capa, lo
abrió… y lo encontró vacío. No había rastros de la caja. Clavis quedó blanca
del susto que se llevo.
-No, no, no… Definitivamente
debo habérmelo olvidado en casa. Clavis, preocupada, ordeno todas las formas de
restauración y bajo apresuradamente las escaleras hasta llegar a la planta
baja. Se metió apresuradamente en la secretaría y dijo a quien sea de sus
compañeros que estuviera allí, que debía irse muy rápido y que pronto
regresaría.
Clavis corría bajo la lluvia
lo más rápido que podía sin evitar pensar con una extraña alegría que el clima
seguía sin cambiar. Más rápido corría y esquivaba a los pocos caminantes, menos
aliento le quedaba, pero su mente no se apartaba ni un segundo de la caja, olvidándose
de su cuerpo.
Pero cuando llegó a avistar
la puerta de su casa tuvo un mal presentimiento. Llego a distinguir que las luces estaban encendidas y cuando llego a
la entrada lo único que se oía aparte del repiquetear de la lluvia eran los
golpes de la puerta contra el umbral por haber quedado mal cerrada.
Clavis quedo blanca del
susto. Despacio, a pesar de ya prevenir en su interior lo que encontraría, abrió
la puerta lentamente.
Todo en la habitación estaba
revuelto, absolutamente todo. Cajones dados vuelta, libros abiertos por todo el
suelo, la cama desecha, no habían dejado nada sin revisar.
Clavis, intentando permanecer
calmada, ordeno cada cosa con paciencia y noto que lo único que se habían
llevado era el libro de la caja.
Y ya más calmada dedujo que
lo otro que buscaban y no pudieron encontrar, era la llave que ella llevaba
colgando del cuello. Evidentemente, esto confirmo, que sus sospechas respecto a
la llave para abrir la caja se veían confirmadas. Pero ahora, le faltaba la
otra pieza del rompecabezas. La pieza con la que había comenzado su partida en
este juego. Y ahora ni siquiera sabía a donde había ido a parar o quien se la
había llevado."
Oki-chan
